Lo último en los electrodomésticos son los sensores 3D

Lo último en los electrodomésticos son los sensores 3D

Los sensores 3D no son otra cosa que un recurso de las máquinas para interpretar las necesidades de lo que tienen que conservar o lavar. Desarrollemos un poco el concepto y veamos algunas aplicaciones de esta tecnología.

 

 

Detectan cantidad de ropa, espuma y velocidad de rotación en Lavadoras

 

Al final, de lo que estamos hablando es de electrodomésticos inteligentes. Y esto tiene dos lecturas o vías. La primera es que son aparatos conectados a internet, por lo que pueden recibir instrucciones desde cualquier teléfono que tenga conexión y su correspondiente aplicación. Pero en la que quiero incidir en este post es en los sensores, que hacen que las máquinas sean inteligentes además de las órdenes que se les envíen desde fuera, mejorándolas o implementándolas.

 

Ejemplos de esto se pudieron ver en la feria CES 2016, celebrada en enero de este año en Las Vegas, y algunos de lo más sorprendente y que a no mucho tardar podremos ver en muchos hogares son, por ejemplo, la lavadora que no sólo se activará en función del peso y tipo de la carga, sino que cuando vea que el detergente puede empezar a escasear… ¡hará ella misma un pedido por internet!

 

Esta misma “inteligencia” podremos verla aplicada a las secadoras, que no sólo calcularán de forma independiente el tipo de programa que la colada necesita, sino que se activarán en las horas en que la tarifa energética sea reducida. El producto será por supuesto caro, pero el gasto que por un lado suponga podrá revertir por el otro en un ahorro de tiempo y de dinero.

 

Pero aunque secadoras y sobre todo lavadoras se llevan la palma en la tecnología del sensor aplicado a los electrodomésticos, hay también otro tipo de aparatos que ya la presentan. Un ejemplo son los robots de cocina en su vertiente de batidoras y amasadoras, como se puede ver en el sensor para masas. Con él lo que se consigue es una velocidad de amasado constante, cosa fundamental para obtener una masa óptima pero que a veces se ve dificultada por las diferentes densidades de los ingredientes. A veces eso supone que el brazo amasador o las varillas vayan más despacio de lo deseable, por lo que se pierde calidad en el producto resultante. En este caso, el sensor daría la orden de “invertir” más potencia en el trabajo que tiene que desarrollar.

 

Las aplicaciones de las que he hablado antes también tienen su aplicación a la hora de las reparaciones. Por ejemplo, existe un modelo de LG que con su sensor informa al móvil de lo que le pasa para que este a su vez informe al servicio técnico. Es una función más importante de lo que podría parecer a primera vista, ya que podemos pensar que no es necesaria dado que no resulta difícil llamar directamente nosotros al servicio técnico del fabricante. El problema viene cuando, y esto pasa más a menudo de lo que se podría pensar, el usuario no sabe explicar bien al profesional, o no con los datos técnicos suficientes, qué es lo que le pasa a la máquina. Por eso mismo, con esta función se puede informar al técnico con todos los datos pertinentes, de modo que se pueda ahorrar un viaje y a nosotros una factura.

 

En ese mismo frigo, el sensor inteligente puede modificar la temperatura en función de los alimentos que contenga y, sobre todo, de la temperatura exterior. Como vimos en otros posts, en invierno y verano conviene ajustar los grados del aparato a la climatología de la estación. Todo ello, lógicamente, redunda en una mejor conservación de los alimentos, e incluso en un menor gasto energético del aparato -recordemos que el frigorífico es el electrodoméstico que, con diferencia, más energía consume de la casa-.

 

Los lavavajillas son, por los mismos motivos que las lavadoras -esto es, lectura de las necesidades en función de la carga y tipo de suciedad- otros de los grandes “beneficiados” de la tecnología de sensores.

 

 

Programas de corrección en el lavado

 

Un ejemplo de este tipo de corrección sería el de una lavadora que en función de la carga de ropa y la suciedad de la misma así como la espuma que se ve generando, modificara la velocidad de giro del mismo. De este modo se logran, principalmente, dos objetivos, como son el que la ropa quede más limpia, pero también que no se invierta en el proceso de lavado más energía ni agua de las necesarias. Esto es, que de ese modo se consigue también un ahorro energético y por lo tanto económico.

 

En el caso de que el detergente que el usuario ha vertido para la limpieza fuera más del necesario, como es obvio se produciría un exceso de espuma. La misma lavadora, gracias a los sensores, podría detectar ese exceso pudiendo de este modo “enviarse a sí misma” la orden de emplear más agua en el lavado. Esto significa que el mismo sensor puede interpretar cuándo se ha producido un fallo humano para contrarrestarlo desde la propia máquina.

 

Esta tecnología todavía no se ha implantado plenamente en nuestras casas, y es de prever que todavía no lo hará en unos años, pero es indudable que cuando lo haga hará nuestras vidas más fáciles y nuestras casas más habitables.


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