La domótica invade nuestros hogares

La domótica invade nuestros hogares

Empecemos por definir exactamente qué significa la palabra domótica. Según la RAE: 1. Perteneciente o relativo a la domótica. 2. Conjunto de sistemas que automatizan las diferentes instalaciones de una vivienda.

 

Esto, en definitiva, es una ampliación del concepto conocido de comodidad. Pero además, puede redundar en otros beneficios como la multiplicación de prestaciones, el ahorro o la seguridad.

 

Pues sí, la domótica ya es un hecho en nuestras casas. Lo que hasta no hace mucho era un argumento de ciencia ficción, forma afortunadamente parte de las vidas de cada vez más personas. El tema da para mucho más que un post, incluso para mucho más que un blog, pero de momento vamos a empezar poco a poco.

 

 

 

El control de nuestra casa desde la oficina

 

Pero la domótica, ¿en qué se nota exactamente dentro del tema que ocupa a este blog? ¿Qué significa la domótica para los electrodomésticos? Pues en primer lugar tiene un alcance limitado, y el por qué es lo elevado de sus precios. Para la mayoría de la población, la tecnología domótica no resulta nada asequible. Pero bueno, tampoco era asequible un billete de tren cuando se inventó el ferrocarril… tiempo al tiempo, ¿no? Veamos algunos ejemplos de domótica aplicada a los electrodomésticos.

 

  • Microondas. Existen modelos que ya “leen” en los alimentos que hay en su interior cuáles son sus propiedades nutricionales.

 

  • Horno. Con sonido estéreo, acceso a internet y todos las derivaciones que nos podamos imaginar. Además de descargar innumerables recetas, tienen en muchos casos una vertiente lúdica, ya que un horno implica esperas que así se pueden hacer más llevaderas.

 

  • Frigorífico. Algunos modelos ya reproducen archivos MP3, llevan incorporada una televisión o una cámara de fotos que envía una instantánea del interior del frigo “en directo” al móvil del propietario. Esto es una forma tecnológica de evitarse hacer la lista de la compra. Desde el súper se puede ver qué hay o qué falta en la nevera. He mencionado algunas de las muchas posibilidades que estos aparatos ofrecen, pero hay muchas, muchas más posibilidades.

 

  • Lavadoras. Aparte de poder monitorizar los lavados, estas lavadora se descargan de internet diversos programas en función de las telas de cada prenda. En lo que me parece el colmo de la comodidad -e incluso de la vagancia- esta lavadora tiene un depósito en el que introducir todo el detergente del que se disponga en casa. Llegado el momento en que este se va acabando, avisa al proveedor automáticamente para que le haga un nuevo envío de detergente.

 

Al final, ya vemos, se trata no sólo de que los usuarios puedan dar instrucciones a los electrodomésticos vía internet, sino de que los propios electrodomésticos automaticen la resolución de sus propias necesidades. Y todas estas ideas se condensan en un concepto en realidad muy simple –por más que sea sumamente complicado y requiera de enormes ingenios el llevarlo a la práctica- como es la conectividad absoluta.

 

 


 

El ahorro de la domótica

 

En un principio, parece una contradicción, ya que los electrodomésticos domóticos son, como comento, bastante caros para casi todo el mundo. Aunque esto es cada vez menos cierto, ya que cada vez con más frecuencia se fabrican aparatos adaptables a dispositivos que los pueden conectar a internet. La clave es que esos dispositivos son cada vez más baratos.

 

Uno de los avances que me parecen más llamativos a primera vista, aunque sólo sea una cuestión estética, es que el mando de estos electrodomésticos ha cambiado sensiblemente en los últimos diez años. Así como al principio eran enormes pantallas con botones que daban las correspondientes órdenes, ahora todo se puede hacer desde un móvil.

 

Y ahí está el primer ahorro, aunque no el más importante: el espacio.

 

Pero es que además el ahorro energético es tan considerable como lo es un aparato que se apaga una vez que ha realizado su función, de ahí su inteligencia. Su actividad dura estrictamente lo que tiene que durar. Esto, por supuesto, repercute en el ahorro económico. Y, obviamente, en el temporal.

 

El gran reto que esta tecnología tiene ante sí es la estandarización de dispositivos y lectores, lo que significará una disminución importante de los precios y una enorme ampliación de mercado para muchos más usuarios.


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