Hablamos de vitrocerámicas

Hablamos de vitrocerámicas

La verdad es que veo que con este Blog me estoy volcando mucho en las placas de inducción, y que más de una vez he dejado claras –me parece- mis preferencias por la inducción frente a la vitrocerámica tradicional. Pero también es cierto que, aunque las cifras de ventas ya se decantan con mucha claridad del lado de la inducción, sigue habiendo gente que se decanta por la vitro. Por ejemplo, y por más que les he intentado disuadir, mis padres. Están de obras en la cocina y van a cambiar los electrodomésticos, y les he insistido sobre las ventajas de la inducción frente a la vitrocerámica, pero ellos a su vez responden que conocen bien la vitrocerámica, y que se fían más de ella porque, al fin y al cabo, se manejan con sus mandos mucho mejor que con los de la placa de inducción. Fueron ellos los que me dijeron que en este Blog le daba demasiada cancha a la placa de inducción y muy poca a la vitro. Y tenían toda la razón. Hablemos, pues, de tamaños y fuegos de las vitros.

 

Número de fuegos para cocinar

 

En cuanto al tamaño de las vitros, existen unas medidas estándar que son 59 cm de ancho por 52 centímetros de largo. Si nuestro plan es instalar nosotros mismos la cocina, tenemos que saber que para el hueco de encastre habrá que calcular tres centímetros por cada lado, quedando 56 de ancho y 49 de largo.

A partir de ahí, pues, el comprador dispone de todas las medidas especiales que se le puedan ocurrir. Cada fabricante apuesta por más o menos variedad, pero lo normal es que el largo sea más fijo mientras el ancho se extiende a 60, 70, 80 ó 90 centímetros. Hay vitrocerámicas que tienen aún más anchura que los 90 centímetros, pero éstas son casi una excepción. Ni hay encimeras tan grandes, ni necesidades tan grandes, ni… tanta demanda como para que las marcas las fabriquen.

El número de fuegos de una vitrocerámica viene a ser el mismo que el de una placa de inducción, siendo lo normal que tengan tres, cuatro o cinco fuegos. Los más habituales son las de tres, y las vitros con cinco placas de cocción no suelen ser muy numerosas. En cuanto a la cantidad de modelos, las de cuatro fuegos se acercan más a las de tres que a las de cinco.

De estos fuegos, los considerados “gigantes” serían los de diámetro de 28 y 32 centímetros. La verdad es que no se suelen usar muy a menudo a no ser que la familia que va a usar la vitro sea numerosa. En concreto, las de 32 son casi hasta difíciles de encontrar -no es que no se fabriquen, pero se fabrican tan pocas que es complejo dar con una placa que, además de cumplir con el requisito del tamaño cumpla con los otros que el usuario tenía en mente- mientras que las de 28 son algo más habituales.

 

 

Gasto energético de una cocina

 

Antes de ponerme con el gasto energético empezaré hablando del gasto económico y mencionando una ventaja incontestable sobre las placas de inducción, y es que las cocinas vitrocerámicas son muchísimo más baratas. Por el producto en sí y por el ahorro de la batería de cocina, pues cualquier olla, sartén o cazuela es válida -y esa es otra de las razones que me daban mis padres para comprársela, además de la facilidad de manejo-.

Dicho esto, lo cierto es que si atendemos al gasto en energía, la vitro consume mucha más. Para ilustrarlo, basta decir que tarda el doble en hacer hervir litro y medio de agua. La diferencia radica en que la vitro se activa mediante una resistencia, que es la que transmite el calor, mientras las placas de inducción lo hacen a través de un campo magnético que, en la práctica del día a día, consume mucho menos. Además, la inducción supone ese “despliegue” de energía exactamente en el espacio que ocupa el recipiente, evitando un gasto innecesario cuando dicho recipiente es mucho más pequeño que la zona de cocción. El otro factor que hace que consume mucho menos es la rapidez. Cuanto antes se caliente lo que queremos calentar, menos tiempo tendremos que esperar esa “transición” entre apagado y encendido… a la temperatura deseada. Y ese tiempo de energía desperdiciada es dinero, claro.

En definitiva supone un consumo aproximado del 45% menos. En términos estrictamente económicos supone un ahorro de 131 euros en tres años. Hecho el cálculo sencillo, la respuesta a la pregunta de si sale a cuenta es sencilla, porque estaríamos hablando de que en unos tres años se habría compensado el mayor desembolso de la placa de inducción. Y sobre esto, lo siento mucho por mis padres, pero no os puedo decir otra cosa.


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